17 Junio 2022

Economía LGBT+

En los últimos años se ha visto un fenómeno bastante interesante en el que las compañías más grandes emprenden campañas de mercadeo orientadas específicamente para la comunidad LGBT+, sea durante el mes de Orgullo, sea en productos exclusivos o en experiencias precisas. Es bastante sorpresivo dado que anteriormente las empresas y sus directivos elegían mantenerse fuera del tema, no tomar una posición clara u oponerse directamente para beneplácito de una sociedad conservadora y discriminatoria.

Si bien, estas estrategias de venta se han visto en otros rubros, como ciertas marcas de maquillaje orientando sus productos a personas no blancas, ropa para personas no delgadas o productos que inspiran un nacionalismo o una aceptación de otra cultura por ejemplo, su visibilidad y su poder estratégico está lejos de compararse con la nueva ola de mercadeo orientado a la población LGBT+. Desde cambios de imagen en redes sociales, muestra de apoyo visible en sus oficinas y lugares de venta así como discursos de soporte y actividades que suponen ayudan a la comunidad, cambios en sus productos o presentación de estos, las compañías e incluso gobiernos parecen haber creado una manera de generar una industria de consumo que se aprovecha directamente de la diversidad sexual.

No es sorpresa que el derrame económico en ciudades que sostienen marchas multitudinarias por el Orgullo LGBT+ sea mayor, beneficiando a negocios tanto pequeños como medianos y dando una publicidad enorme a grandes compañías y conglomerados que patrocinan o aparecen en dichos eventos. Desde las redes sociales, pasando por sus sitios de control hasta sus productos con mensajes en ellos, todos juegan un papel importante para dar una imagen de progreso y de aceptación que muchas veces sólo queda en eso, puesto que la mayor parte del tiempo, después de que la campaña termine, las compañías no vuelven a tocar el tema y no sostienen cambios significativos en su interior.

Tal es el caso de diversas empresas que emiten juicios y comentarios discriminatorios, ejercen violencia o no brindan ayuda para sus empleados en situaciones de desventaja o agresión, las cuales durante el mes del orgullo en países que es usual sostener estas prácticas de promoción, cambian sus colores y sus discursos; sin embargo, poco hacen para solucionar los problemas internos que tienen contra la población LGBT+ o contra los clientes pertenecientes a la comunidad.

Estimaciones contemporáneas dicen que la población LGBT+ en general tiene un poder adquisitivo mucho mayor al promedio y que éste crece si la persona se encuentra en pareja, además que también se tiene registrado que estas personas tienden a gastar más y a omitir ciertas prácticas de ahorro o al no tener personas que dependan económicamente de ellas tienen un margen más amplio de presupuesto. Muchas entidades se han dado cuenta de esto y lo han explotado ofreciendo productos de lujo para dicha población, turismo exclusivo, restaurantes, bares y antros con precios más elevados, productos con una apariencia diferente para atraer a esos clientes, entre otras estrategias, lo cual les garantiza clientes asiduos que pueden consumir más que sus clientes promedio y que tienen hábitos de compra diferentes.

No es sorprendente entonces entender que las estrategias de comercio más que luchar por una población vulnerable o una minoría oprimida, tienden a realizarse para garantizar ventas más altas, clientes asiduos y una imagen que conviene a la sociedad así sus prácticas no sean del todo coherentes con sus discursos. Similar caso se puede encontrar con las campañas pro ecología, feminismo o desarrollo sustentable, aunque éstas tienden a ser más discretas y menos exitosas.

A pesar de que la mayor parte de estas campañas estén orientadas a un objetivo no filantrópico, el impacto que esto ha generado en la sociedad es evidente; el hecho de que grandes compañías muestren un apoyo, aunque sea sólo de fachada, directo a la comunidad LGBT+ crea una normalización y visibilización enorme para ella. Es imposible ahora negar que hay una cantidad enorme de personas que se sienten identificadas con la lucha y que tienen el apoyo de muchos órganos de poder, lo cual ayuda en lo general a cambiar las preconcepciones sociales de una lucha minúscula y promueve la aceptación social de leyes y acuerdos que garanticen los derechos humanos de la comunidad y que penalice la violencia y agresiones que se cometen en contra de ellas.

La economía desde el principio de la civilización humana se ha erigido como un punto central en el control del poder en la sociedad, normalmente son los más ricos los que ostentan los mayores cargos o tienen una influencia en el poder fuerte; en nuestra sociedad actual, donde las naciones luchan por mantenerse estables frente a las altas fluctuaciones económicas y que dependen de su poder económico para sostener sus políticas, establecer relaciones internacionales o cumplir con objetivos clave, quienes controlan los mercados, tienen un poder adquisitivo alto o influencia directa en la economía, dictan muchas reglas y estrategias a las que los políticos se ajustan en aras de mantener el poder y continuar con sus ideologías; por lo que el hecho de que haya una influencia de la comunidad LGBT+ en estos no debe ser menospreciada, debería ser apropiada y utilizada como herramienta de cambio y de progreso.

Finalmente, creo firmemente que el incluir a personas de la diversidad sexual como agentes de cambio en la economía a nivel local, regional, nacional e internacional generará un progreso integral en la sociedad y en las poblaciones que resulten afectadas, dado que las poblaciones marginalizadas y personas normalmente ignoradas podrán tener una voz y un lugar dado que su proximidad con estas personas es grande; no es ignorado que muchas personas LGBT+ siguen perteneciendo al grueso de la población que se encuentra en una posición económica desventajosa, por lo que su influencia en las esferas del poder pueden también contribuir a expandir las oportunidades de mejora a otras minorías y otras poblaciones otrora ostratizadas. Tal como se ha visto en los últimos años, la misma comunidad LGBT+ ha elegido cambiar su bandera en diferentes ocasiones tanto para dar una mayor visibilidad a las personas trans como para incluír a la lucha contra el racismo y la xenofobia; lo cual demuestra que el fijar alianzas y promover los derechos humanos tiene como producto un alcance superior y una lucha más empática y filantrópica.

Es por lo tanto nuestro deber como sociedad apoyar a las personas indicadas, dar una retroalimentación real y oportuna y sobretodo apropiarnos del poder que nos es otorgado indirectamente para actuar como entidades activas en el sistema y tener la capacidad de obtener un cambio real y benéfico para todos.


Discusión

¿Qué piensas de la mercadotecnia orientada a las personas LGBT+?
¿Crees que sirva de algo el que las marcas muestren su apoyo?
¿Consideras que es algo que va con sus principios o sólo es una estrategia de venta?
¿Qué harías tú para cambiar la dinámica?
¿Cómo podemos apropiarnos de el poder económico para generar un cambio?




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